Breve Relazión de la gloriosa campaña de Cataluña

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A su Excelencia el Señor Corregidor Don Nuño de Rebollogigedo y Caldo Gordo, marqués de Tronchapuerros, Ylustre Corregidor de las Islas de Mariqueru, en la Villa y Corte de Madrid, año del Señor del Dos Mil y Siete.

 

Sepa por aquesta misiva vuesa merced que el favor del Altísimo hállase de la nuestra parte, pues a las pocas jornadas que arribáramos a las costas de la patria, entrara aqueste humilde servidor de Dios y de Su Magestad a la Villa y Corte sin sufrir penas ni travajos,mas al contrario, con el corazón lleno de dicha al contemplar los campos de Castilla. Hállome agora sano y salvo, aguardando Audiencia con la Casa de Su Magestad Cristiana, por tal de dar cumplimiento a la misión e fazer entrega del requerimiento de Su Excelencia, pues es bien seguro que al reconoscer su sello, la Corona despache presto socorro a las nuestras maltrechas Islas.

 

Mas vos bien savéis cuán fatigosas son las cargas de sostener un Imperio, e de tener siempre cura de tantos Reynos e súbditos, e non es baladí la tarea de atender a aquellos que demandan audiencia. Es por ello por lo que primeramente hube de buscar un lugar donde resguardarme durante mi estadía. Por de pronto, harto menguara la bolsa de maravedíes que vuesa merced entregárame a la partida, pues a mi pesar, tornánse hoy escasos para rentar una alcoba en una posada digna en la capital, de tal suerte que non encontré villa ni casa solariega que pudiere rentar, y hállome durmiendo en una magra habitazión, en la que hacinámonos no menos de seis personas, los más yndios y negros cimarrones, siendo que la Villa encuéntrase llena dellos.

 

Desta suerte hállase un hidalgo castellano de hogaño...
Desta suerte hállase un hidalgo castellano de hogaño…

E acontesciera que, temeroso de adquirir paganas costumbres por contacto de aquestos negros, fuime presto a ser recivido en confesión en la parroquia, pues ha de conoscer Su Excelencia que tanto el Cabildo como la Señora Corregidora de la Villa de Madrid, la marquesa de Murillo, son piadosos cristianos y gentes de orden, y anda la antedixa villa muy plena del justo recogimiento y fervor católico que la Corte de la Monarquía ha de fazer blasón.

 

Trabara yo pues sin dilazión afortunada amistad con el párroco, e con cierta frequencia platicábamos de los aconteceres divinos y humanos en la posada. Asimesmo dióme notizia de las personas que pudieren socorrerme en la empresa de conseguir Audiencia con la Corona o el Consejo de Castilla, mas témome que los dineros idos en pagar la alcoba non dexaren tanto oro como para acomplirla con la debida presteza. Mas de otras cuitas he de dar relazión en aquesta misiva, que he de referir unos milagrosos fechos acontezidos mientras platicaba con el Páter, siendo que fue un servidor de vuesa merced testigo dellos, y que son grande maravilla y asombro de cavalleros cristianos. Pues de súbito las gentes de la posada tornáronse porfiadas y clamaban a grandes voces, a lo que prestamente respondiere tirando de espada y dando en ellos si no tuviérame la mano el páter.

¡Voto a brios que por mi espada callarán aquestos bellacos!
¡Voto a bríos que por mi espada callarán aquestos bellacos!

Pues el objeto de las voces del gentío era un artefacto construido por los luteranos, al cual llaman televisión. E por lo que pudo discernir mi escaso entendimiento, ofrece visión de fechos que tienen lugar en la lejanía. Trátase aqueste ingenio hereje de una magra ventana, que semejaba en todo una lente invertida y apuntada hacia Levante, donde tenía lugar una reñida contienda. Y por medio de aquesta infernal máquina, ansí el campo de batalla como los tercios avistábanse como en lontananza. Mas los ojos de un veterano soldado acostúmbranse pronto a la distancia, y fazíame los números para diszernir a cuántas leguas hallábanos del encuentro, cuando diéranme razón de que la contienda que desarrollábase ante mi vista tenía lugar en la ciudad de Barcelona. Teníame yo tal por imposible, que fazíaseme cosa de brujería calvinista, mas aqueste era el parecer de todos los allí presentes. Pues era cosa cierta que el Condado de Cataluña estava en rebeldía, y un exército de Su Magestad acudía a someterlas por las armas a las leyes de Castilla, trabando fiero combate con un Tercio de los catalanes, que vuesa merced conosce que nunca fueron grandes guerreros, sino más bien gentes de natural flojas y cobardes e su lealtad a la Corona es poco menos que dudosa.

 

Dispónese para la batalla el campo en una pradera, con los reales de ambos bandos en los extremos. Son aquestos reales bien extraños, pues se abren hacia el campo y se divisa el interior desde afuera, mas nada hay en ellos. Los guarda el Sargento Mayor, que porta camisa y jubón de colores chillones. Al voltante de la pradera y el real, se abarrotan las mesnadas de plebeyos, mas aquestos juiciosamente no toman parte en la batalla, pues sin duda los capitanes de hogaño abrigan la creencia de que las gentes humildes non conoscen las nobles artes de la guerra, que de todos es savido que es ofizio de nobles cavalleros. El Maestre de campo se dispone al frente dellos, y pasa el combate impartiendo sus órdenes a grandes voces.

 

Al cabo encontráronse ambos exércitos, que non semejaban tales, pues no más de once hombres formaban en cada uno dellos, trátase sin duda de los más aguerridos campeones dentre los suyos, la partida de los catalanes y el glorioso Tercio de Castilla. Llámase aqueste Tercio el Real de Madrid, en homenaje a su Magestad, y porta blasón blanco, como la enseña de la Cruz de San Andres, mas non divisé señal alguna de las aspas rojas. Portan asimesmo la leyenda “Benq Siemens”, que non acerté a descifrar, vuesa merced disculpará mis menguados rudimentos de la lengua latina. El tercio rebelde de los catalanes portaba escudo de armas en barras verticales de azur y gules, como los traydores calvinistas helvéticos, y escrita la leyenda “Uniset”, que en su lengua significa “Uno y Siete”, sin duda un número cabalístico. Formados los tercios frente a frente, presto dio comienzo la lucha.

 

Oh, quan magnífico porte y quan gran espectáculo fazían, que non pudiere descrivirlo con justas letras, pues igual que los Héroes de la Antigua Grecia o los cavalleros del Gran Capitán, porfiaban unos campeones contra los otros, y daban entre sí sin más armadura que una liviana camisa, ni más armas que sus brazos y piernas. Probavan todos de foradar el real enemigo con una bala de cañón, mayor que las pelotas de una culebrina latina, diríase del tamaño de las que emplean los infieles mahometanos en sus enormes cañones. Mas hete aquí que non portavan artillería ninguna, que aquestos modernos Hércules la impulsaban con el vigoroso empuje de sus piernas. Para mayor asombro, los Sargentos Mayores detenían la salva de fuego enemigo sin otra ayuda que sus propias manos envueltas en gruesos ropajes, Al tiempo, dábanse de continuo golpes e patadas, que derribaban al contrario como justa sin caballería por la sola fuerza de sus recios cuerpos, rugiendo la hueste con cada uno de aquestos lanzes.

Grande gloria guerrera de aquestos tiempos...

Grande gloria guerrera de aquestos tiempos...

Consiguiera el favor de los Cielos el Tercio de Castilla por tres veces, merced a los buenos ofizios de un enorme y bizarro soldado de impronunciable nombre hereje, sin duda converso a la verdadera Fe, y al poco igualaban los porfiados catalanes por vía de un menguado y corajudo yndiano, e corría aqueste tal que semejaba diéranle caza los perros de su encomendero, que era grande maravilla de ver.  Disponían asimesmo ambos exércitos de esclavos negros traídos de los presidios de Argel, poniendo gran pavor en los corazones del enemigo. Oscilaba la fortuna de ambos lados, que ni las voces de los maestres de campo ni los ofizios de los sargentos mayores lograban imponerse, y ansí dióse por terminado el encuentro, con los campeones igualados en todo, por lo que discurrí que los castellanos non habían logrado reduzir a los rebeldesa la obediencia, la qual cosa fue confirmada, pues los cristianos que hallábanse en la posada dezían de futuras campañas. Ansí dábanse ambos por contentos, los castellanos por igualar con tan menguada hueste, que era gran fecho de armas, como corresponde a los bravos e invictos soldados del Imperio, y los catalanes por mantenerse en rebeldía de la Corona, Dios les castigue por su osadía.

 

E aquesta y non otra es la verdadera manera en la que se dan guerra hogaño, que es cosa viril y de gran emozión, pues en todo semejan a los héroes antiguos e las gloriosas gestas de los cavalleros del pasado.

 

Quede con Dios vuesa merced,

Tochamustia.

Ylustraziones del cavallero Maese Xavier de la Tocht.

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